Me hallo en medio de un desierto en algún punto perdido del globo terráqueo. Ya le comenté a Maria que me dan miedo las alturas y los sitios cerrados y que volar durante 8 horas seria un suplicio para mi revuelto estomago.
Nota mental: no tomar fabada antes de volar.
Para hacer más llevadero el viaje, Maria me proporcionó unas pastillas tranquilizantes XXL que me tendrían groggy durante casi todo el viaje.
La situación era normal hasta que se levantó un hombre de gesto serio, rasgos árabes y, pistola en mano, amenazó a una azafata con volarle los sesos si no abría la cabina para que el piloto le llevase hasta no se que sitio en medio de África. La señorita de generoso escote y cabello largo y rubio accedió cual Maria Magdalena a sus pretensiones y el avión volteó sobre sí mismo para dirigirse al nuevo destino a pesar de las advertencias de falta de carburante del piloto. El señor musulman ignoró las palabras del jefe de vuelo.
Con el pasaje revolucionado, niños llorando, alboroto constante, desconcierto general, ataques epilépticos de la chica de mi lado, un anciano siendo reanimado y sobrevolando todavía sobre el mar el piloto anuncia por los altavoces que el avión se ha quedado sin gasolina y que lanzarán el contenido de la bodega para rebajar lastre, en un ataque de gilipollez pensé en mis calzoncillos de Spiderman perdidos en medio del océano, y con la inercia intentar llegar a tierra firme.
Minutos más tarde, después de un aparatoso aterrizaje que seccionó el avión por la mitad, con prácticamente todo el pasaje en forma de cadáveres, los pocos supervivientes decidimos adentrarnos en el desierto en busca de civilización para así intentar salir de aquella pesadilla.
Después de dos días caminando escribo estas lineas, como único superviviente de aquel fatídico viaje, en medio del desierto. Cae la noche y desde mi posición vislumbro unas abundantes luces a lo lejos que se asemejan de una ciudad pero las piernas no quieren dar ni un paso más. Exhausto, hambriento, débil, deshidratado y malherido pierdo el equilibrio y me desmayo.
No se cuanto tiempo pasó hasta oír una voz femenina que me acariciaba la cara suavemente al mismo tiempo que me decía:
- Pep, soy Sonia, ¿quieres una cañita?
Abro los ojos, me limpio la baba que cuelga de la comisura de mis labios, miro los ojos de Sonia fijamente, desciendo la vista unos dos palmos más abajo y con voz cortada y temblorosa respondo.
- Y de tapita, ensaladilla, por favor.
miércoles, 11 de junio de 2008
El viaje de mis sueños
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viernes, 6 de junio de 2008
El tiempo
A veces te das cuenta que la vida corre demasiado deprisa. Te das cuenta de ello cuando te paras, te sientas tranquilamente en un banco y te dedicas a observar como pasa la vida, sin ninguna prisa, como si el mundo se hubiese parado esperando a que te vuelvas a montar en él, y notas todas esas cosas que el ajetreo diario no te deja saborear. El canto de los pájaros, el silbido del viento a través de las ramas de los árboles o los latidos de tu propio corazón se superponen a los motores de coches, el estrés en los viandantes y el murmullo urbano. En ese momento te invade una enorme paz y al cabo de unos segundos te pones a pensar y con un rápido flashback vuelves a un momento feliz de tu vida.
La mañana empezó muy temprano a ponerse cuesta arriba al apagar el despertador y empezarme a hacer a la idea de la obligación de levantarme. Los cinco minutitos más de siempre se convirtieron en tres cuartos de hora y con todo eso me dí cuenta que había perdido el bus para ir a la reunión más importante en la historia de mi empresa.
Me lavé la cara. Me vestí adecuadamente para la ocasión, ni demasiado serio ni demasiado informal, al fin y al cabo yo solo era el que iba a presentar las ventajas técnicas del proyecto, no tenia ni que firmar ni que pagar.
Salí del ascensor, miré el reloj y caminé apresuradamente hacia la parada de bus como cada día. Por el camino me encontré con Gonzalo.
Gonzalo es un vagabundo que "habita" tres portales pares más atrás del mio, justo al lado del locutorio donde compra el vino. Según se cuenta, la bebida y el juego le llevó a donde está. Joven apuesto y de carácter ganador años antes se había convertido en una persona que desprendía tristeza y desolación por todos los costados, aunque a él no parecía importarle, a pesar de su estado siempre tenia una sonrisa en su boca. Él tenía algo que las demás personas que lo mirábamos con tristeza no teníamos: Tiempo.
Crucé el parque de delante de mi oficina y llegué hasta el portal. Justo antes de entrar por la puerta noté un leve movimiento al lado del bordillo de la acera. Bajé la vista y vi un pajarito asustadizo que caminaba dando saltitos. Se paró y nos quedamos mirándonos brevemente. Poco a poco me fui acercando a él esperando que huyera volando pero eso no ocurrió. Extendí la mano hasta acariciarlo y después recogerlo delicadamente.
Fui de nuevo hasta el parque y me senté tranquilamente en uno de los bancos. La reunión ya no me importaba una mierda. Cogí a mi pequeño nuevo amigo entre mis manos y lo miré al detalle, probablemente se habría caído del nido. Tenia sangre en las alas. A todos los efectos, ya estaba muerto.
Sentí que ese pequeño pajarillo necesitaba ayuda, necesitaba vivir, necesitaba volar. Me acordé de tantas veces yo había querido volar sin llegar a conseguirlo, así que me decidí a ayudarlo para que él pudiese sentirse libre, para que pudiese volar.
Miré de nuevo mi reloj y lo veía borroso, una pequeña niebla no me permitió ver las agujas, no sabia que hora era, no oía nada más que el silbido del viento al pasar a través de las ramas de los árboles. No notaba el paso del tiempo.
Me acomodé en el banco mientras sonreía. El pajarillo me miraba fijamente como si me estuviese dando las gracias. Miré hacia donde mi vista alcanzaba y al cabo de unos segundos me puse a pensar y con un rápido flashback vuelves a un momento feliz de tu vida.
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martes, 11 de marzo de 2008
Aquí me quedo
Miró hacia ambos lados del local y solo quedábamos mi cerveza y yo. Se acarició levemente la barba mientras dirigió la vista hacia su vacio vaso.
- El bar es mio y aquí me quedo. Se dijo a sí mismo con una amplia sonrisa en la boca.
Entró riéndose con un buen empujón a la puerta que se oyó por todo el local. El dueño, detrás del montón de vasos sucios que abarrotaba la barra, miró con desdén a aquel individuo que habia acabado con la tranquilidad y monotonía del lugar. Los habituales clientes apoyados en la barra que beben para olvidar hasta que se olvidan que están bebiendo ni se inmutaron y siguieron intentando dar solución a sus numerosos problemas y errores.
La hija del dueño, Célia, una joven de unos 18 años, se encargaba de limpiar las pocas mesas del bar y hacia ella se dirigieron las primeras miradas del desconocido. Pidió un whisky con agua y se acercó a la niña con intención de conversar. No tardó en intervenir el padre.
- ¿Donde te crees que vas?. Aléjate de ella si no quieres tener problemas.
Como si de una pared se tratase hizo caso omiso de las palabras y siguió a lo suyo. El dueño cogió el cuchillo más grande que tenia a mano y saltó la barra bruscamente. Al llegar a él, y sin llegar a decir palabra, el anónimo le propinó un puñetazo en la parte baja del estomago y otro de gran violencia en plena cara que le hizo desplomarse en el suelo sin sentido y sangrando por nariz y boca.
La niña salió del local aterrorizada corriendo y gritando pidiendo auxilio y varios de los borrachos presentes hicieron lo propio a los pocos segundos, después de encontrar la puerta de salida.
Los dos restantes le plantaron cara pero con su estado no hicieron otra cosa que recibir el mismo trato que el dueño y acompañarlo en el frío suelo.
Después de unos segundos de reposo se acercó a la barra, le dio un largo trago a su whisky y se sentó en un taburete. Miró hacia ambos lados del local y solo quedábamos mi cerveza y yo. Se acarició levemente la barba mientras dirigió la vista hacia su vacio vaso.
- El bar es mio y aquí me quedo. - Se dijo a sí mismo con una amplia sonrisa en la boca.
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martes, 4 de marzo de 2008
La importancia del LCD
Abro los ojos. Miro a mi alrededor y todo está desierto, como en las rebajas de Ikea, pienso. Hacia el frente todo es negro y mi izquierda solo puedo ver una barra de bar, unas botellas de vino y varias mesas y sillas más. A mi derecha hay una pared naranja. Me miro a mi y estoy sentado en una silla negra. Todo parece estar en su sitio, incluso mi dichosa barriga. No se donde estoy y no recuerdo como he llegado aquí.
Me inquieto cuando oigo un ruido ascendente muy cerca de mi y de pronto aparece una imagen de colores y unos sonidos distorsionados. En esas borrosas imágenes se ve un hombre serio, con barba, gafas y con dificultades al pronunciar la letra "s". Delante suya hay otro hombre trajeado con cejas puntiagudas.
Poco después aparecen unos detergentes, una bebida energética, un conejo rosa de peluche con una pila incrustada en el culo, un pato que limpia inodoros y un sheriff con un pony de color rosa.
Al pellizcarme y notar dolor me asusto, no es un sueño. ¿Donde estoy? ¿Como he llegado aquí?
Una voz me despierta de mi mundo paralelo:
- ¡¡Gilipollas!!¡¡Melón!! quítate de enmedio de la tele, que no se ve ná.
PD: La Tapita ya tiene televisión LCD de 42 pulgadas. Este año miraré la Eurocopa como Dios manda.
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viernes, 29 de febrero de 2008
Sigmund Freud y la Mahou
Un martes cualquiera a las 8:30 de la mañana. Las legañas se me clavan como alfileres en el lacrimal, apenas me dejan ver lo que tengo delante y bostezo tras bostezo voy caminando hacia mi jaula particular de 8 horas diarias dentro de este zoológico llamado ciudad.
Llego tarde como siempre pero, teniendo en cuenta lo que me pagan, no me importa una mierda. Mientras camino intento otear la calle en busca de una fémina de curvas peligrosas que me alegre la vista.
Dentro de mi desánimo me quedo embelesado mirando una niñita de cabellos rubios, vestido blanco sencillo y de rostro angelical que está cruzando un paso de peatones y a unos cien metros veo un camión de reparto de cerveza Mahou viniendo a toda velocidad con el conductor hablando por el móvil. El impacto es inminente.
Mi instinto toma las riendas de mis piernas y me pongo a correr hacia la niña, la cojo, la empujo hacia la acera y en un último esfuerzo salto yo también hacia la acera mientras noto como el parachoques del camión golpea brutalmente mis piernas.
A los pocos segundos estoy en el suelo, dolorido, rodeado por una multitud de gente de la sobresale un hombre que se me acerca diciendo que es médico y empieza a valorar los daños en mis piernas. Ha habido suerte, solo es un golpe. Un señor golpe. La multitud explota en júbilo y me felicitan animadamente por mi acto heroico. Aplauden, sueltan palomas, papelillos de colores y los flashes de las cámaras de fotos no me deja casi ni ver.
El conductor baja del camión, se me disculpa entre lágrimas y después me ofrece gran parte de la mercancía (la que no se habia desparramado por el suelo a consecuencia del frenazo) como compensación por las molestias causadas y se presta a subirlas a mi casa y colocarlas delicadamente apiladas en la cocina. Las acepto de buena gana. Creo que hasta tuve una erección. Lo malo es que ahora tendremos la cocina llena de cerveza y habrá que cocinar en el balcón.
Y allí estoy yo, tomándome una fresca cerveza y contemplando al repartidor que caja a caja va llenando mi cocina. Casi ni me acuerdo del golpe en la pierna, soy feliz.
Después de diez minutos de estar apoltronado en el sofá me entran unas tremendas ganas de mear y cuidadosamente me levanto y cojeo por el pasillo hacia el baño. Ando y ando y de pronto reparo que el pasillo no acaba nunca. Joder. Me lo pienso un poco; luego me saco la chorra, me apoyo en la pared, apunto al filo de la moqueta, y me dejo ir...
Entonces me despierto.
Era un martes por la mañana a las 6:15 de la mañana. Tenia 26 años y me había meado encima.
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miércoles, 6 de febrero de 2008
Vivir y morir
La vida y la muerte son los dos elementos más importantes de nuestra existencia. La vida como inicio de la misma y la muerte como disfunción total y vuelta a la inexistencia.
La vida es corta, dura, intensa y, a veces, gratificante... solo le falta tener forma fálica para parecerse a mi pichilla.
En cambio la muerte es uno de los grandes miedos con los que convivimos a diario, aunque después de años y años de convivencia con ella le pierdes el miedo, el respeto y le restas importancia a la única cosa que hace que se acabe todo. Piensas que está ahí, que llegará algún día, pero siempre piensas que aun queda un rato para que llegue o que no te tocará a ti.
De joven temes a la muerte aunque alguna vez te apetezca ir a jugar a poker con ella, sobre todo con el coche, y a veces ella saca una escalera real y sales por el periódico. Temes por el sufrimiento de tus seres allegados casi tanto que por el tuyo propio, temes porque a tus padres les pese la frase de "era tan joven" y temes el perderte las múltiples etapas que tiene la vida. En cambio, cuando estás llegando a la vejez, sin ascendencia y esperando el fin de tus días, temes sobre todo a que nadie llore tu muerte, a tener conquistados los suficientes trocitos de corazones de gente allegada para que realmente se note tu ausencia o a que en tu funeral alguien acompañe al cura y tengas flores en tu nicho, por lo menos la primera semana, aunque no las vayas a ver ni oler.
Yo ya no suelo ir tanto de timbas con la muerte y a pesar de temer por el sufrimiento de los demás pienso que también me gustaría ser recordado si algún día llega el óbito. ¿Me debo estar volviendo mayor?
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viernes, 4 de enero de 2008
Adios 2007
Treinta y uno de diciembre, trajeado y encamisado, con casi dos paletillas de cordero en mi estómago y delante tuya en ese oscuro callejón, infectado de ratas, húmedo y sin salida. Te tengo arrodillado pidiendo cleméncia, llorando, suplicando perdón, pero ya es demasiado tarde. Te abofetearia y zarandearia antes de ensañarme a puñetazos contigo pero no vale la pena, estás acabado.
Has sido responsable de la enfermedad de un familiar cercano, me has desastibilizado laboral y personalmente, no me has aportado nada excepto problemas. Pero no me liaré a puñetazos contigo maldito Dos Mil Siete, simplemente te miraré fijamente con una amplia sonrisa en mi boca y dejaré pasar los minutos hasta que desaparezcas para nunca más volver a existir.
Hasta nunca Dos Mil Siete.
Hola Dos Mil Ocho.
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sábado, 22 de diciembre de 2007
El retorno de un picador
Catalina dice:
sorprendeme
Pερ MΔnε£... dice:
a ver
Pερ MΔnε£... dice:
Estamos los dos en una habitación de un hotel
Pερ MΔnε£... dice:
un hotel cualquiera, tampoco somos ricos
Pερ MΔnε£... dice:
de noche, sobre las 23 horas
Pερ MΔnε£... dice:
estoy sentado en la cama y en estas sales de la ducha solo con una toalla que te tapa parte del cuerpo
Pερ MΔnε£... dice:
estás en situación?
Catalina dice:
sisisis
Catalina dice:
te sigo
Pερ MΔnε£... dice:
pues te sientas encima mia con tu cuerpo aun humedo
Pερ MΔnε£... dice:
mientras tanto yo te empiezo a dar mordisquitos en la oreja
Pερ MΔnε£... dice:
y te estoy acariciando todo el cuerpo y al mismo tiempo quitandote la toalla dejando al aire tus pechos
Pερ MΔnε£... dice:
como lo llevas?
Catalina dice:
mmmmmmm
Pερ MΔnε£... dice:
situacion?
Catalina dice:
sisisis
Pερ MΔnε£... dice:
sigo
Pερ MΔnε£... dice:
tu empiezas a acariciarme la entrepierna
Catalina dice:
ok ok
Catalina dice:
no pares
Pερ MΔnε£... dice:
y yo sigo tocando y acariciando tu cuerpo
Pερ MΔnε£... dice:
de pronto...
Catalina dice:
diossssssss....estoy a tope!!!!!
Pερ MΔnε£... dice:
levanto un poco la pierna derecha y suelto el pedo más asqueroso, ruidoso y oloriente que hayas podido imaginar
Pερ MΔnε£... dice:
sorpresa?
Catalina dice:
jajaja cabronazo!
Alabado sea el messenger, Bill Gates y las risas en momentos de aburrimiento nocturno que me ha proporcionado.
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viernes, 7 de diciembre de 2007
Viernes
-Como cada viernes salgo a dar una vuelta, a quemar la semana- decia Manolo García en una de sus canciones. Y es que el viernes por muy mal que vaya, para mi siempre será mejor que el lunes a pesar de que misteriosamente tengo más sueño hoy que hace cuatro dias. El motivo es porque soy como los buhos, acechante de noche y desapercibido de dia.
Esta mañana me encontraba durmiendo plácidamente, babeando la almohada y soñando algo agradable que al despertarme no he vuelto a recordar y de pronto ha sonado un berreo estridente de Celine Dion en el radio despertador que me ha hecho dilatar las pupilas, aumentarme las pulsaciones, llevarme un susto mil pares de cojones y estar a punto de tirar el despertador por la ventana de mi 6º piso y volver a reposar la cabeza en la babeada almohada, pero ya estaba despierto.
Y es que de noche busco cualquier excusa para no ir a planchar la oreja y por las mañanas me despierto con unas legañas como granos de arroz, y no creo que sea Brillante (el arroz que no se pega) porque pegarse al lacrimal se pegan como adolescentes al calimocho.
Una vez despierto, semi-despejado y haciendo como si trabajar en la oficina solo nos queda intentar aprovechar el dia lo mejor posible y a pesar de tener sueño aprovechar la noche que es donde realmente me manejo con soltura.
¿Como se os presenta el viernes?
Publicado por Pep a las 10:19 0 insensatos contestaron
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lunes, 19 de noviembre de 2007
La rutina
Me levanto a las 8 de la mañana.
Me desperezo y bostezo sonóramente.
Voy al baño. Meo, la sacudo.
Me ducho.
Vuelvo a la habitación, allí está ella. Tan quieta, tan guapa. Está durmiendo. Joder como ronca; ¿Que tiene ahí dentro? ¿Un oso?.
Me voy a la cocina.
Rescato una taza del lavavajillas.
Me acuerdo que ayer por la noche no me acordé de darle al botoncito. Me cago en mi mismo por ser tan despistado y enjuago como puedo la taza con agua.
Me sirvo un cafe con leche. Coño, la leche está agria. Tiro el cafe con leche por el fregadero y me sirvo otro cafe con leche de otro brik.
Mierda, me tiro el café encima.
Vuelvo a mi habitación, me cambio de calzoncillos y me visto. Vaqueros y camisa azul.
Entro en el baño. Me miro al espejo y me asusto. ¿Ese puto psicópata soy yo?. Me lavo la cara para intentar arreglar algo. Me vuelvo a mirar. Desisto de gastar más agua para, total, no arreglar nada.
Llego al recibidor, infectado de bolsas de basura. Las miro de soslayo, paso de ellas y voy hacia la puerta.
Cojo mi cartera y el puto dinero.
Salgo de casa. Son las 9 menos cuarto.
Bajo hasta la calle y allí están todas las mamás, ningún papá por la zona, llevando a sus niños a la escuela arregladas como si de una despedida de soltera de lesbianas se tratase. Las hay guapas y feas, descartadas las feas, voy lanzando a diestro y siniestro las miradas más ardientes e intimidatorias que puedo de camino al coche.
Llego al coche y me dispongo a empezar otro dia con la unica compañia que mi rutina.
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jueves, 15 de noviembre de 2007
Es motivo de orgullo y satisfacción...
Cuatro meses después vuelve a ser época de cambios. Según el Ayuntamiento, que ya ha puesto las lucecitas en las calles (por cierto, una de ellas cae justo debajo de mi ventana), ya es Navidad. Dias de familia, de villancicos, de regalos, de cenas... Clotilde estará contenta.
Cambios en casa y en mi vida laboral. La experiencia de acceder a "esa empresa líder en el sector turístico" no ha sido todo lo provechosa que queria y me he pasado cuatro meses prácticamente rascandome los bajos a dos manos. ¿¿Porque coño el capullo del jefe ha estado pasando de mi durante cuatro meses y a un dia de dar los quince dias hacemos una reunión y me intenta pintar las mierdas de rosa??. Después de estas amables palabras diré una de las cosas que rarísimamente pueden salir de mí, pero soy yo, Pep, ahi vá: ¡quiero trabajar!. Después de unas entrevistas que tengo la semana que viene elegiré y me iré de este templo de la vaguería.
En casa estamos en pleno proceso de selección de una persona que comparta morada con los tres inquilinos actuales. La búsqueda es dificil, pero tenemos una candidata -si, una chica- que parece valiente y parece ser que sería capaz de meterse en una casa habitada por tres chicos. El Gran Hermano está servido.
Seguiremos informando.
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lunes, 12 de noviembre de 2007
Carta de un hombre pegado a una barriga parlanchina
Querida amiga Clotilde:
Primero debo decir que estoy sorprendido por el hecho de que una barriga sea capaz de razonar y escribir. Por lo tanto me imagino que también dispones de cerebro propio porque sino no me explico tal destreza de palabra, que sumado al cerebro que poseo yo mismo y al cerebro que, segun muchas mujeres, los hombres poseemos en la entrepierna disponemos en total de tres cerebros. Es una lástima, con uno más podriamos jugar al parchís en nuestros ratos libres.
Abordando el tema principal diré que he tomado nota de tu petición y, a pesar de que mi decisión de dedicar parte de mi tiempo de ocio a darle patadas a un balón se mantenga, espero poder llegar a un acuerdo contigo (permiteme que te tutee ya que, al fin y al cabo, somos vecinos) para poder jugar a futbol y tenerte contenta al mismo tiempo.
Mientras tu dejabas de ver a los hermanos pieses yo volvia a verlos y eso me servia para saber cuando debia cortarme las uñas. Anteriormente lo hacía mediante un calendario cada veintiocho dias, como la regla, o cuando en los calcetines se empezaba a crear una bonita patata. Esa situación, como comprenderás, no podia seguir, era comprar una agenda electrónica o adelgazar.
Como comentaba un poco más arriba y para mejorar mi relación contigo debes saber que ayer fui, juntamente con unos amigos del buen comer y buen beber, a un restaurante japonés, de esos que tienen una cinta donde pasan platos de comida sin parar. Debiste disfrutar de la digestión porque me comí prácticamente hasta los cubiertos.
Llegamos sobre las 21h al restaurante y antes de que nos pusiesen la mesa ya estabamos atacando la cinta y disponiendo en nuestras manos de un par de platos de rollitos de primavera para hacer boca, aprovechando que no se necesitan cubiertos para comerlos. Acto seguido y durante un largo rato aquello fué un espectáculo dantesco digno de recordar ya que todos nos pasamos por el forro el segundo pecado capital:
- Los chinos o japoneses, bueno dejemoslo en orientales, que estaban en la cocina salían cada dos por tres, nos miraban y decian nosequé entre ellos aunque seguro que no eran palabras bonitas por el gesto de sus rostros.
- Las camareras despedidieron a todas las mesas con un "¡adios!", un "¡hasta luego y gracias!" o similar. Y a nosotros no nos dijeron nada descaradamente, solo un pequeño gruñido que no llegamos a entender pero seguro que no era una invitación para tomar un café.
- Traian platos y los ponían todos después de nuestra situación en la cinta descaradamente tambien, para que el resto de clientes que en ese momento llenaban el local pudieran probar siquiera un triste plato.
- Con su mejor cara, aunque también podía haber sido la peor, nunca sé si rien o están enfadados, nos pidieron si queriamos ternera ("telnela" según ellos) a lo que respondimos, pobres ingénuos nosotros, afirmativamente y nos sirvieron dos platitos directamente desde la cocina para nosotros (todo un honor según creíamos). Esos platitos venían del infierno y no de la cocina, tenian como medio bote de pimienta y picaban más que un helado de wasabi con una guindilla de cuchara. Menos mal que teniamos agua para beber y con más pena que gloria nos lo comimos todo como nos enseñaron nuestras madres y maestras en el colegio de pequeños, que no te dejaban levantar del sitio hasta haberte comido todo lo que ponían en el plato.
- Cuando pedimos flanes, viendo que no pasaba ninguno por la cinta, nos los trajeron en cero coma segundos, ni los mejores mecánicos de la F1 son capaces de cambiar una rueda tan rápido. Supongo que pensaban, los pobres ilusos, que si tomábamos postre pronto se desharian de nosotros.
- El chupito de rigor de licor de flores ni de coña (ni tan siquiera un triste vaso de agua del grifo para brindar por la hazaña conseguida).
- El caso que te hacen los camareros en estos restaurantes se fué esfumando a medida que llenabamos la mesa de cadáveres en forma de platos vacíos. Sobretodo el de la camarera que trabajaba única y exclusivamente en retirarlos de nuestra mesa cual enterrador en plena época de peste los recogía por las ciudades a carretadas, hasta el punto de no despedirse de nosotros.
- Habia una jefa (o eso parecía, aunque seguro que era la dueña que se veía en la ruina) que se comió tres o cuatro de piezas de fruta. Cogiéndolas siempre justo a la altura de nuestra mesa, aunque tuviese que caminar desde la otra punta de la sala para coger la pieza que pasaba por nuestro lado y mirandonos cual señorita Rothermeier para tratar de asustarnos y ver si así dejábamos de engullir sus platos.
Como puedes ver estoy intentando hacer las paces contigo cediendo un poco a la dieta de verduras que llevaba. Y si Japón no declara la guerra a mi pequeño pueblo para aniquilar a mi grupo de amigos comedores creo que podremos llegar a un acuerdo y convivir amistosamente en mi cuerpo.
Sin más te mando un cordial saludo.
Pep.
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viernes, 9 de noviembre de 2007
Carta de una barriga en peligro de extinción
Querido gordo:
Soy tu barriga, Clotilde. Sí, esa montaña horizontal de carne que tienes encima del pene, esa soy yo. Desde hace muchos años siempre he pensado que entre tú y yo había una relación especial: me cuidabas, me mimabas, me preguntabas por el estado de tu pene e incluso hablabas conmigo de los problemas que tenías con los cinturones o los pantalones. Pero de un tiempo a esta parte creo que te he hecho algo y no se el que... ¿donde están los chuletones de Ávila con vino tinto? ¿donde están los Donuts de chocolate?.
Todo empezó hace muchos años cuando tu madre te decia eso de "acábate todo lo del plato", en aquel momento empecé con mi crecimiento incluso antes que el tuyo, cosa por la que recibias apelativos como "pelotilla", "albóndiguilla con patas" o "Piraña" pero por aquel entonces no parecía importarte en absoluto.
Después tuvimos nuestros altibajos cuando te apuntaste a atletismo o a natación. Yo se que me querías y que solo practicabas deporte porque tu mamá te obligaba, pero tengo que decirte que si no llega a ser por las tabletas de chocolate Nestlé con Quelitas que te comias cuando estabas solo en casa habría muerto. Por eso te doy las gracias.
A los catorce años descubriste el McDonalds, el Telepizza y los Phoskitos. Grandes dosis de colesterol inundaban tu organismo y se depositaban en mí para mi regocijo personal, pero luego vinieron las vacas flacas cuando diste el estiron a los dieciseis años. Tuvimos otra de nuestras crisis que supiste solucionar a base de entrecottes, vino tinto, helados de chocolate y grandes tardes de cerveza con tapita.
Desde entonces habíamos vivido en paz y armonía, tú comías y yo crecía. Llegó un momento que incluso me pensé que estabas preñado, resultó ser una falsa alarma, solo tenias gases. Pero actualmente parece ser que te han entrado las ganas de joderme de nuevo, has cambiado tus hábitos alimenticios sin previo aviso: las ensaladas no me gustan, la soja, el tofu o los canónigos me revuelven el estomago. Y por si fuera poco el hecho de apuntarte a jugar a futbol implica hacer abdominales y recibir algun que otro balonazo. ¿A que viene todo esto? ¿Ya no me quieres?. Siempre he tenido una gran relacion con tus pieses a los que veia a diario y me cachondeaba de ellos por lo bien que estaba yo y lo mal que estaban ellos, ahora poco a poco los veo menos, ¡apenas ya les veo los dedos!
Es preocupante como mi atractiva figura de unicurva se ha convertido ya en bicurva y según parece, lo peor está por llegar... ¡¡y a tu edad!!. Si lo que tienes que hacer es casarte y alimentarme bien para poder ser felices como antaño, ¡hombre ya!.
Desde dos palmos más abajo que tu barbilla te pido que reconsideres la opción de jugar a futbol, que te acuerdes de las tardes de futbol en el sofá con cerveza y platos de jamón y que me dés una oportunidad.
Atentamente.
Clotilde.
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martes, 2 de octubre de 2007
Dieta de la sobrasada
Me encuentro tumbado en la cama intentando dormir plácidamente pero mi volumen estomacal no me lo permite porque cuando duermo de barriga me es imposible tener los pies y la cabeza apoyados al mismo tiempo en la cama dando una imagen cóncava muy patética. Luego pasa lo que pasa, si decido apoyar la cabeza dejando los pieses al aire se me sube la sangre a la cabeza y me levanto con una 'resaca' peor que la del domingo y si hago lo contrario me quedo sin sangre en la azotea y cuando me despierto estoy más tonto que el concursante medio de GH.
Pienso en que asi como estoy tendré que tirar o regalar todo mi calzado con cordones al no llegar para atarlos, pienso que los cinturones serán a partir de ahora simples tiritas para mi barriga, pienso en el numero de "X" que acompañarán a la "L" de las camisetas, pienso en que los hoteles de Todo Incluido pueden provocar obesidad (por cierto, deberian avisarlo al hacer tu reserva asi como avisan en las cajetillas que el fumar puede matar).
Oigo música intercalada entre frases publicitarias y un "pip pip piiiip, son las siete". Me veo tumbado en la cama con la cabeza y los pies apoyados al mismo tiempo en la cama, me doy cuenta que es martes y son las siete de la mañana. Digo "mierda" en voz baja y me levanto para empezar un nuevo dia de trabajo.
PD: Después de un verano de buen comercio y buen bebercio (siguiendo el lema del "que no falte de nada") y de más de un mes que llevo sin hacer ejercicio por la recuperación de mi puto querido esguince me he dado cuenta que estoy más inchado que un globo aerostático. Lo he decidido. Mañana me pongo a dieta, o no.
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lunes, 24 de septiembre de 2007
Under my umbrella
Ella ella eh eh eh.
Todos debajo del paraguas en plenas fiestas patronales de mi pueblo y la mitad de actos aplazados para el fin de semana que viene. Parece ser que en la Isla de la Calma el verano y su calorcito van de camino a veranear en su propio verano, que no es otro que el frio invierno.
Se empiezan a divisar colores mas toscos en las vestimentas de la gente, mangas y caras largas, uniformes escolares y en breve se pondrán las lucecitas de Navidad por las calles y los anuncios de juguetes en la televisión. Renacerá Toys'R'Us y espero que por fin las muñecas de Famosa lleguen al puñetero portal, a saber el negocio que querrán montar alli.
¿Por qué tengo la sensación de encogerme con el frio y dilatarme con la calor como si fuese hierro de un rail del, actualmente inundado, metro?
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jueves, 6 de septiembre de 2007
Las putas muletas
Dicen que el hacer deporte está muy bien, es sano, saludable y está de moda, pero hay veces que hubieses preferido estar mirando Dolce Vita con un bote de helado de kilo entre tus manos. Eso mismo me pasó el miercoles cuando al acabar de darle con el pie a la pelotita me di cuenta que me costaba caminar, me habia jodido lesionado un tobillo. Yo que soy muy dejado para mis cosas me fui a dormir sin mas preocupación y al dia siguiente al levantarme y al poner el pie en el suelo pude ver alrededor de mi todas las estrellas la Via Lactea.
Me acompañaron al hospital y yo iba contento pensando ya en las vacaciones forzosas que iba a tener los proximos dias, lastima de no poder ir al bar a celebrarlo. Me hice con mis nuevas muletas naranjas super-fashion y por lo menos dejé de ir de un lado a otro saltando como un palomo cojo.
* Si no habeis ido nunca a un museo de aparatos de tortura podeis ir a una ortopédia, es lo más parecido que encontrareis
Ahora mismo, pasada una semana, me duele todo menos la pierna "mala". Los hombros, la pierna "buena", las manos, las muñecas... Y mejor no os hablo de la hora de la ducha. Un desastre, vamos. Todos los que me conocen me piden las muletas para darse un paseito y todos coinciden en un: "como te quejas tio, no cansa tanto" que me provoca unas ganas enormes de matar.
Me quedan dos opciones, esperar al dia 11 que me tienen que quitar el yeso y mirarme como está el pie o hacer de Teniente O'Neil y quitármelo yo mismo.
Seguiremos informando.
Publicado por Pep a las 9:47 1 insensatos contestaron
Etiquetas: desvarios